Martina Chapanay: de las lagunas de Guanacache al altar popular de Mogna
Martina siguió viva como santa popular, como gaucha milagrosa, como la que protege a los pobres
Sus últimos años los pasó en Mogna, un pueblito de la travesía sanjuanina, en el nordeste de la provincia. Ahí la guerrera se volvió curandera y protectora de viajeros. Vivía con dos perros, El Oso y El Niñito, frente a su laguna, o en el rancho de una amiga india de su misma edad, según cuentan los moquineros . La gente la quería, le tenía fe, le pedía favores.
Murió muy vieja, dicen que en 1887, aunque nadie sabe bien cómo. Unos hablan de un puma que había cazado, otros de una serpiente, otros simplemente de vejez . La enterraron en el cementerio de Mogna, y sobre su tumba pusieron una laja blanca sin nombre. No hacía falta inscripción: todos sabían quién estaba enterrada ahí .
Hoy sus restos siguen en Mogna, y la tumba se convirtió en un lugar de veneración popular. Cada año, cientos de peregrinos llegan hasta el pueblo para visitarla . No es un culto oficial, no hay santuario reconocido por la iglesia ni procesión con obispo. Es algo más profundo y más terrenal: la gente del lugar, los paisanos de la travesía, los que saben de su historia, pasan por el cementerio y le dejan un trago de licor, un cigarrillo encendido, flores, velas . Se lo dejan como se le deja algo a alguien que uno quiere, a alguien que todavía está. Le piden por los niños, por la salud, por el trabajo, por los viajes . Y ella, dicen, responde. La gaucha es milagrosa, afirman los que le tienen fe, y su culto crece de boca en boca, de generación en generación, sin que nadie lo imponga .
El misterio con Martina es que nunca terminó de morir. La historia oficial la condenó al olvido o la redujo a una bandolera arrepentida que devolvía joyas robadas a la iglesia. Pero el pueblo no aceptó esa versión. En Mogna, en Jáchal, en toda la travesía, Martina siguió viva como santa popular, como gaucha milagrosa, como la que protege a los pobres . En 2022 se declaró el 22 de febrero como Día de la Mujer Cuyana en su homenaje. El feminismo la reivindicó, los movimientos indígenas también, y todos los que ven en ella un símbolo de resistencia contra el poder de turno.
¿Quién fue realmente Martina Chapanay? Bandolera, heroína, curandera, rebelde. Todo eso junto. Vivió en un mundo que no estaba hecho para ella, mujer, indígena, pobre, provinciana. Y se negó a aceptar el lugar que le asignaban. Peleó por las provincias cuando las provincias no valían nada para Buenos Aires. Peleó por los pobres cuando los pobres solo servían como carne de cañón. Peleó por su libertad cuando la libertad era un privilegio de hombres ricos. Pagó el precio: persecución, desarraigo, la muerte de todos los que amó. Pero dejó algo que no se puede comprar ni decretar: una memoria que el pueblo custodió durante más de un siglo.
En las noches de la travesía sanjuanina, cuando el viento levanta la arena y el silencio se vuelve espeso, todavía hay quienes dicen escuchar un galope. Y sonríen. Saben que es ella. La Martina. La huarpe de Guanacache. La que nunca se fue del todo.