Oktubre cumple 40 años: el disco que cambió el sonido de los Redondos
El 4 de octubre de 1986, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota editaron Oktubre, su segundo disco. Cuarenta años después, el álbum sigue siendo el que más se menciona cuando se habla de lo mejor de la banda platense.
El 4 de octubre de 1986, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota editaron Oktubre, su segundo disco. Cuarenta años después, el álbum sigue siendo el que más se menciona cuando se habla de lo mejor de la banda platense. El aniversario redondo llega, además, por primera vez sin el Indio Solari, fallecido el 5 de junio de 2026, a los 77 años.
Para entender el salto que dio el grupo hay que mirar de dónde venía. Gulp!, de 1985, había sido un disco casi festivo. Meses después, los Redondos compusieron nuevos temas con un portaestudio y fueron a grabar a Estudios Panda, en Buenos Aires, un estudio al que pudieron acceder con sus ahorros. Era entonces una banda independiente y de culto. La grabación se hizo en dos meses, entre agosto y septiembre de 1986.
Lo que salió de esas sesiones fue un álbum más sombrío, atravesado por el post-punk y la new wave. El sonido se volvió frío y crítico, con un bajo de influencia pop, combinaciones de tonos menores y un clima apocalíptico. La guitarra de Skay Beilinson dialoga con los saxos de Willy Crook, y los sintetizadores de Daniel Melero, invitado en teclados, sumaron una atmósfera tenebrosa. Sobre esa trama, la voz del Indio contaba una narrativa urbana de paranoia, con elementos distópicos y ecos de la Guerra Fría y de la vuelta a la democracia.
Son nueve canciones que funcionan como un recorrido. El disco abre con «Fuegos de octubre» y sigue con «Preso en mi ciudad», «Música para pastillas» y «Semen-Up». Más adelante aparecen «Divina TV Führer», la más breve del álbum, y «Motor psico». «Jijiji», elegida como single, es una de las canciones más reconocibles de la banda. Después llega «Canción para naufragios», la más extensa, con unos seis minutos, y el cierre queda para «Ya nadie va a escuchar tu remera».
El arte de tapa es capítulo aparte. Lo hizo Rocambole, el artista plástico Ricardo Cohen, y se inspira en el constructivismo ruso y en la Revolución de Octubre de 1917, con masas y banderas en rojo, negro y blanco. Según contó el propio Rocambole, la idea nació en una noche de fernet, cuando el Indio hablaba de banderas y multitudes. Primero iba a ser solo rojo y negro, pero al volverlo más abstracto sumó el gris. La tipografía parece soviética porque una de las letras está invertida. En el reverso se ve la catedral de La Plata en llamas, y a la derecha de la tapa se distingue la figura del Che Guevara. El primer boceto, además, se dibujó en una servilleta. Rocambole recordó que figuras como el puño y la cadena, hechas en un rato para un aviso, terminaron en remeras y tatuajes.
El disco se presentó los días 18 y 25 de octubre de 1986 en el Paladium, ante 1.200 personas. Para esos shows se sumó el tecladista Andrés Teocharidis, que murió en un accidente durante el verano siguiente, justo cuando la banda lo incorporaba como integrante estable. Tras esos conciertos, Tito Fargo y Piojo Ábalos dejaron el grupo y la formación se renovó con Walter Sidotti y Sergio Dawi.
Con el paso del tiempo, Oktubre se convirtió en un clásico. En 2007, la revista Rolling Stone Argentina lo ubicó en el cuarto puesto entre los 100 mejores álbumes del rock argentino, y en 2025 se reeditó con una nueva masterización. Cuarenta años después, sus canciones siguen sonando en recitales y en las calles, y fueron parte de la despedida multitudinaria que miles de seguidores le hicieron al Indio en Plaza de Mayo y en el Obelisco.