Uñac no tiene camino nacional: el 9% que lo condena a volver a San Juan
Uñac en campaña
La encuesta de la Universidad de San Andrés puso a Sergio Uñac en una escena que no le es favorable. Noveno por ciento de imagen positiva, veintiocho por ciento negativa, y un sesenta y tres por ciento de encuestados que directamente no tiene opinión formada sobre él. Último en la tabla de imagen positiva entre veintiséis dirigentes nacionales. A simple vista parece un golpe. Pero conviene frenar un segundo y mirar el número con ojos de analista y no de comentarista apurado.
Porque una cosa es el rechazo y otra cosa es la ausencia. Un sesenta y tres por ciento de desconocimiento no es lo mismo que un sesenta y tres por ciento de rechazo. El caso de Uñac se parece más al de Hernán Lacunza, con idénticos porcentajes, que al de Máximo Kirchner, con setenta y uno de imagen negativa. Kirchner tiene un problema de rechazo. Uñac tiene un problema de existencia. Fuera de San Juan, simplemente no está en el mapa.
Y ahí empieza lo interesante. Porque el problema de Uñac no es nacional. Es que quiso serlo y no pudo. La medición de Udesa no mide su gestión como gobernador. Mide su instalación como figura nacional. Y el resultado es claro: no la tiene. No la construyó. No tuvo tiempo, no tuvo estructura, no tuvo proyecto nacional que lo contuviera. Pero esa misma debilidad encierra una pregunta que en San Juan nadie hace en voz alta. Para qué necesita Uñac una carrera nacional.
Si el exgobernador no tiene camino nacional, la lectura más obvia es que su futuro está en San Juan. Y su futuro en San Juan pasa por el peronismo provincial, por la estructura, por la banca, por la conducción partidaria. Pero volver a San Juan tiene costos. Costos judiciales, costos políticos, costos de imagen. La pregunta que sobrevuela no es si Uñac puede volver. Es cómo vuelve sin poner la cara en el centro de la escena.
Ahí es donde entra la estrategia. Y la estrategia tiene una lógica simple. Construir un lugar nacional desde el cual no se lo mida por lo que hizo en San Juan sino por lo que dice en Buenos Aires. Un lugar donde el sesenta y tres por ciento que no lo conoce sea una oportunidad y no una condena. El problema es que ese lugar no existe. No hay espacio nacional disponible para un dirigente sanjuanino sin estructura propia, sin bloque legislativo, sin terminal política fuera de la provincia. El peronismo nacional está en otra cosa. El mileísmo no lo va a adoptar. No hay tercer espacio.
Lo que la encuesta revela, en realidad, es otra cosa. No es que Uñac esté mal posicionado. Es que Uñac no está posicionado en absoluto. Y eso, en política, es una forma de la intemperie. El dato del sesenta y tres por ciento de desconocimiento es, leído con crudeza, un espejo. Uñac sigue siendo un dirigente provincial que intentó jugar en una cancha que no es la suya. La encuesta no lo condena. Lo devuelve a su territorio.
Y el territorio, en San Juan, tiene reglas propias. Volver sin poner la cara es una estrategia posible. Pero no es gratis. Requiere tiempo, requiere estructura, requiere que alguien ocupe el lugar de la exposición mientras él construye desde otro lado. Y sobre todo, requiere que el peronismo sanjuanino se lo permita. La pregunta que queda flotando no es si Uñac tiene futuro nacional. Es si tiene futuro provincial. Y esa, cumpa, no la responde una encuesta de Buenos Aires. La responde San Juan.