San Juan se prepara para lo que viene: maquinaria lista, módulos habitacionales y la memoria de Zonda todavía fresca
El estado activa obras por posibles crecidas
Mirá qué paradoja la nuestra compadre/comadre. El año pasado andábamos rezándole al cielo para que lloviera un poco, para que la cordillera agarrara nieve, para que el río no se nos secara del todo. Ahora, con la nevada más importante de los últimos años tapando los cerros de blanco desde la frontera hasta el pedemonte, el Gobierno provincial armó un comité de emergencia para prepararse ante posibles crecidas e inundaciones. De la sequía a planificar evacuaciones en menos de doce meses. Eso es San Juan, tierra de extremos.
El ministro de Infraestructura Fernando Perea lo dijo él mismo, con esa honestidad que a veces sorprende en un funcionario: «Es algo muy loco porque, la verdad, de no tener agua el año pasado a tener ahora que armar un comité por el tema de posibles inundaciones». No hay mucho más que agregar. La naturaleza no avisa y cuando avisa, no espera que uno termine de leer el informe técnico.
La decisión la tomó el gobernador Marcelo Orrego y los cinco departamentos que concentran la atención son Zonda, Calingasta, Iglesia, Valle Fértil y Ullum. No son nombres elegidos al azar. Son los lugares donde el agua ya demostró que sabe hacer daño cuando se le da el pie. Zonda en particular tiene su historia reciente bien grabada. Perea lo recordó sin vueltas: con un poco de lluvia nomás ya tuvieron un punto muy complicado. No fue un temporal histórico lo que los desbordó. Fue lo justo para que el sistema mostrara sus debilidades.
Una de las cosas más sensatas que planteó el ministro tiene que ver con la maquinaria. En emergencias anteriores tuvieron que traer equipos pesados desde otros puntos de la provincia en carretones, y para cuando llegaban al lugar del problema, ya había pasado lo peor. Es la diferencia entre tener el balde al lado del fuego o ir a buscarlo al galpón del fondo mientras la casa arde. La idea ahora es descentralizar: que cada departamento vulnerable tenga su propio equipo listo para salir, aprovechando los campamentos que Vialidad tiene distribuidos por la provincia como puntos de despliegue rápido.
También hay algo que Perea dijo y que vale la pena subrayar porque habla de un problema que en San Juan se viene arrastrando hace décadas. Hay familias viviendo en lechos de ríos y en zonas que nunca debieron habilitarse para construir. El ministro no lo esquivó: «Son viviendas que se han construido en lugares que no deberían construirse, es así, pero bueno, ya está el problema y hay que dar una solución». Esa honestidad tiene su mérito. Reconocer el problema es el primer paso para no mirar para otro lado cuando el agua sube.
Para esos casos, el Gobierno analiza instalar módulos habitacionales en los campamentos de emergencia, de manera que si una familia tiene que salir de su casa a las apuradas, haya un lugar adonde llevarla que no sea la vereda de enfrente. No es la solución definitiva, claro. La solución definitiva es no tener viviendas en zonas de riesgo, pero eso lleva años de política habitacional seria y no se resuelve antes de que llegue el deshielo.
Sobre las obras de defensa, Perea fue claro en los tiempos. Hacer un sistema integral bien hecho lleva aproximadamente diez años de trabajo, según los técnicos. San Juan no tiene diez años. Tiene unas semanas antes de que el calor de la primavera empiece a bajar todo ese blanco de la cordillera convertido en agua. Entonces la apuesta es reforzar lo que hay y agregar donde haga falta, que no es lo ideal pero es lo posible.
Lo que dijeron desde Infraestructura al cierre es lo más importante para que nadie se asuste de más ni se confíe de menos: esto no significa que haya una inundación confirmada ni que la provincia esté al borde del desastre. Significa que esta vez decidieron prepararse antes y no después. Que es exactamente lo que siempre se les pide a los gobiernos y que pocas veces se hace. Si el agua no llega con la fuerza que podría llegar, bienvenido sea. Pero si llega, que no los agarre con las manos vacías.