El Zonda del jueves dejó 30 casas afectadas, un joven con quemaduras graves y a los bomberos voluntarios al límite
Médano de Oro, Alto de Sierra, Caucete, 9 de Julio y Chimbas fueron los sectores más golpeados por una jornada que el sistema de emergencias no pudo contener
Médano de Oro, Alto de Sierra, Caucete, 9 de Julio y Chimbas fueron los sectores más golpeados por una jornada que el sistema de emergencias no pudo contener. Un día antes, la Federación de Bomberos Voluntarios había advertido que ya no podía responder a todos los llamados.
El viento Zonda que azotó San Juan este jueves 24 de septiembre dejó un balance que la provincia no puede seguir naturalizando: alrededor de 30 viviendas afectadas, más de 60 intervenciones de emergencia, decenas de operativos sanitarios, un joven de 16 años internado con quemaduras en el 70% de su cuerpo y vecinos combatiendo el fuego con baldes mientras esperaban que llegara algún camión de bomberos. Un día antes, la Federación de Bomberos Voluntarios de San Juan había avisado, en un comunicado formal, que la crisis económica los obligaba a racionar las salidas. El aviso quedó grabado en las cenizas de varias manzanas sanjuaninas.
Desde el mediodía el viento comenzó a tomar intensidad en toda la provincia. La alerta naranja emitida por el Servicio Meteorológico Nacional anticipaba ráfagas de hasta 90 kilómetros por hora. Lo que siguió fue una cascada de focos que se multiplicaron en Rawson, Santa Lucía, Caucete, 9 de Julio, Chimbas, Rivadavia, Capital y Pocito, en un escenario en el que la vegetación seca y los pastizales actuaron como combustible y el viento como acelerador. El director interino de Protección Civil fue preciso al momento de señalar el origen: «Necesitamos que la gente no queme pastizales ni basura. Las chispas son avivadas y llevadas a zonas de casas, donde hay materiales inflamables, desde techos a leña. Ya tuvimos un siniestro grave en Pocito con familias que se quedaron con lo puesto, recientemente. El fuego es intencional, no se genera solo.»
La zona de Alto de Sierra, en Santa Lucía, concentró los daños más graves. Las llamas avanzaron desde pastizales y cañaverales sobre el barrio Rural II y Villa San Cayetano, arrasando al menos siete viviendas y calcinando corrales y dependencias traseras. La velocidad del avance impidió que muchos vecinos pudieran sacar a sus animales, que murieron en el fuego. Los que pudieron salir antes de que el cerco se cerrara lo hicieron con lo puesto. Las brigadas de emergencia trabajaron horas para evitar que las reactivaciones volvieran a cobrar fuerza en el interior de los troncos y postes, un fenómeno que dificultó la extinción definitiva de los focos. En Caucete, sobre calle Sargento Cabral en Lote de Álvarez, el fuego comprometió al menos cuatro casas más y obligó a evacuar a cinco personas. Fue allí donde los casos de mayor gravedad se registraron: un joven de 16 años resultó con quemaduras en el 70% de su superficie corporal, un adulto sufrió quemaduras en las extremidades inferiores y el abdomen, y varios vecinos requirieron asistencia urgente por intoxicación con monóxido de carbono. Todos fueron derivados de emergencia al Hospital Guillermo Rawson. En Médano de Oro, Rawson, a las 18:45 las llamas surgidas en un zanjón con maleza seca sobre las calles Alfonso XIII y Calle 6 consumieron por completo la propiedad de un hombre de 63 años que no se encontraba en el lugar cuando el fuego llegó. Fueron los vecinos quienes le avisaron. Para cuando llegaron los móviles, la vivienda ya estaba envuelta en llamas.
El sistema de emergencias respondió al límite de sus posibilidades. Salud Pública desplegó alrededor de 10 ambulancias en toda la provincia y realizó cerca de 80 intervenciones con oxígeno y agua. Un niño de Villa San Cayetano fue internado por quemaduras leves. Un funcionario del área describió la situación con una frase que resume el estado de colapso: «Todo lo que tenés está en el terreno». Hasta las 20 de ese día, personal del Ministerio de Familia y Desarrollo Humano, Bomberos y Protección Civil continuaba trabajando de manera conjunta en las zonas afectadas.
Lo que le da a esta jornada una dimensión adicional es lo que ocurrió el miércoles 23. La Federación de Bomberos Voluntarios de San Juan difundió un comunicado para informar que, a partir de ese momento, los cuarteles de la provincia evaluarían caso por caso si podían responder o no a cada llamado de emergencia. La razón es la crisis económica que atraviesa el sector: los fondos nacionales dejaron de llegar, muchos municipios solo pueden aportar combustible o víveres de manera esporádica y los cuarteles funcionan en rojo. Sergio Cuello, presidente de la Federación, fue concreto al poner en números lo que eso significaba en la práctica: «Con el Zonda pasado en Chimbas tuvimos unas 12 salidas. Con Zonda de nuevo, de 12 salidas que hacíamos solo podremos hacer una. No queremos dejar de asistir a las emergencias, pero necesitamos ser escuchados.»
El comunicado precisó que la prioridad absoluta serán los incendios estructurales de viviendas y comercios, mientras que la respuesta a caída de árboles, postes, ramas o quema de pastizales quedará condicionada a los recursos disponibles en cada cuartel. En San Juan funcionan 16 cuarteles, de los cuales solo 10 están operativos. Entre todos suman de 250 a 270 bomberos voluntarios, ninguno de los cuales recibe pago por su actividad. Los que no tienen otro trabajo difícilmente pueden sostener el ritmo de los llamados. Un caso reciente en Pocito ilustra el nivel de desamparo: un bombero voluntario se lesionó durante una intervención, fue atendido en el hospital del departamento y sus propios pares tuvieron que hacer una colecta para cubrir los medicamentos porque el cuartel no tenía fondos.
El trasfondo de todo esto es la ausencia de una ley provincial que regule y proteja la actividad de los bomberos voluntarios en San Juan. «El bombero en San Juan está desamparado porque no hay marco legal en la provincia. No podemos asistir al bombero ante un problema», señaló Cuello. La demanda lleva años sin respuesta. Cada temporada de Zonda la renueva y la archiva al mismo tiempo, porque el ciclo se repite: el viento llega, el sistema colapsa, los vecinos ponen el cuerpo con baldes y mangueras, y después sigue todo igual.