La UOCRA también aprendió a firmar paritarias con la calculadora del Gobierno
La UOCRA usa la misma calculadora salarial que el modelo que le gusta a Milei
Hay algo que Gerardo Martínez aprendió bien en estos años: no pelear por el salario de los trabajadores de la construcción. O al menos, no pelear demasiado. La UOCRA cerró esta semana un aumento del 5,4% en tres tramos —1,9% en septiembre, 1,8% en octubre y 1,7% en noviembre— que se ubica, otra vez, por debajo de la inflación prevista. Traducido: los trabajadores de la construcción van a cobrar menos en términos reales, mes tras mes, durante el próximo trimestre.
Lo llamativo no es el número. Lo llamativo es la naturalidad con la que se firma. Desde hace tiempo, la pauta oficial dejó de ser una sugerencia para convertirse en una condición de homologación: todo lo que supere el 2% mensual duerme en un cajón. Y los gremios grandes, los que tienen poder de fuego y estructura nacional, se acomodaron a esa lógica con una velocidad que llama la atención. Primero fue Camioneros, con un semestral del 9,9% que también corre por detrás de la inflación. Ahora la UOCRA. La secuencia no es casual: es una señal.
El acuerdo se firmó con CAMARCO y la FAEC, y ambas partes ya pactaron volver a reunirse el 20 de octubre para «analizar un eventual desfase». La cláusula suena razonable, pero también funciona como un mecanismo de contención: en lugar de discutir salarios, se discute cuánto se corrió la inflación respecto de lo ya firmado. Es una forma elegante de administrar la pérdida.
Gerardo Martínez no es un improvisado. Dirige la UOCRA desde hace más de tres décadas, tiene peso en la OIT y una relación aceitada con el poder de turno. No necesita que le expliquen cómo funciona la rosca. Pero esa misma destreza, que en otros contextos le permitió arrancar aumentos por encima de la pauta, hoy parece puesta al servicio de cerrar rápido y sin ruido. La pregunta que queda flotando es incómoda: ¿hasta dónde un gremio puede ceder sin que sus propios afiliados empiecen a mirar para otro lado?
El contexto no ayuda a la épica. El desempleo en la construcción sigue siendo alto, muchas obras se frenaron y el mercado laboral del sector tiene un poder de negociación limitado. Nadie ignora eso. Pero un aumento del 1,7% en noviembre, con una inflación que probablemente lo duplique, no es una recomposición: es una firma para cumplir el expediente. Y los trabajadores lo saben.