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Opinión

La victoria de Lula reordena el Cono Sur y expone los límites de la presión de Estados Unidos

La campaña se resolvió en el bolsillo. Bolsa Familia, el alivio de deudas de los hogares, los subsidios a los combustibles y el debate por reducir la semana laboral de 44 a 40 horas ordenaron la conversación de los votantes de menores ingresos.

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Luiz Inácio Lula da Silva ganó el balotaje del domingo 25 de octubre y gobernará Brasil hasta 2030. Con el 100% de las secciones escrutadas, el Tribunal Superior Electoral le asignó 64.256.232 votos, el 51,79% de los válidos, frente a los 59.826.041 de Flávio Bolsonaro, el 48,21%. La diferencia es de 4.430.191 votos. Votaron 128.236.074 electores y la abstención llegó al 19,22%. Según CNN Brasil, Lula mejoró su posición respecto de la primera vuelta en el 97% de los municipios y dio vuelta el resultado en 213 de ellos. Es su cuarta victoria presidencial, y la primera en la que enfrenta a un heredero directo del bolsonarismo con respaldo explícito de gobiernos extranjeros.

La campaña se resolvió en el bolsillo. Bolsa Familia, el alivio de deudas de los hogares, los subsidios a los combustibles y el debate por reducir la semana laboral de 44 a 40 horas ordenaron la conversación de los votantes de menores ingresos. Flávio Bolsonaro apostó al rechazo al gobierno y a la identidad ideológica. Lula apostó a lo que una familia paga a fin de mes, y esa diferencia de agenda explica buena parte del margen.

La disputa por la comunicación digital tuvo un peso propio. Diferentes periodistas de Brasil y usuarios de redes, sostuvieron que las cuentas de Lula sufrieron restricciones en las plataformas, que Facebook le cerró una de ellas y que sus contenidos quedaron ocultos en las búsquedas. Según ese análisis, la campaña respondió con una comunicación descentralizada, donde cada persona funcionó como un influencer, con comunidades en WhatsApp y Telegram y un canal de WhatsApp que alcanzó los 10 millones de integrantes. El mismo material señala que el equipo tomó el consejo de militantes menores de 25 años, y que Lula ya habló de regular las plataformas en su discurso de victoria.

Washington llega a este resultado con un historial de presión que no alteró la voluntad de los votantes brasileños. En 2025 el gobierno de Donald Trump impuso aranceles a productos brasileños, sancionó a jueces de la Corte Suprema, avanzó con designaciones de terrorismo contra actores vinculados al entorno de Lula y abrió una investigación comercial. Dos días antes de la primera vuelta revocó la visa del embajador brasileño. En mayo recibió a Flávio Bolsonaro, aunque también se reunió con Lula. Este lunes, Trump rompió el silencio ante periodistas, antes de subir al Air Force One. Dijo que la elección le “pareció otra elección amañada”, calificó de “muy extraña” la ampliación del horario de votación y afirmó que los comicios deben ser “indiscutibles”. No presentó pruebas de irregularidades. Agregó que le cae bien Lula, que se lleva bien con él y que “no tomé partido” en la elección. Según Folha de S. Paulo, el Departamento de Estado retuvo el saludo protocolar y recibió la instrucción de postergarlo para evaluar la situación. Legisladores demócratas como Gregory Meeks y Jeanne Shaheen, y figuras como Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez, sí reconocieron el triunfo.

En el Cono Sur, la pregunta pasa por Buenos Aires. Javier Milei apoyó a Flávio Bolsonaro desde julio y llamó a Lula “ladrón” y “presidiario”. Hasta este lunes no lo había felicitado. Según Infobae, en la Casa Rosada había un comunicado preparado para la noche del domingo que se archivó cuando Flávio no reconoció el resultado, y una fuente del Gobierno argumentó que Itamaraty tampoco dijo nada cuando Milei ganó. El presidente pasó casi 20 horas sin publicar en X y su única reacción indirecta fue reposteo de un mensaje que ironizaba sobre los votantes de izquierda. Santiago Caputo, el único funcionario que habló en público, escribió que “todo marcha acorde al plan”. La excepción de Milei contrasta con el resto del arco derechista de la región. Mauricio Macri y el PRO felicitaron a Lula, igual que el chileno José Antonio Kast, que lo llamó por teléfono, el ecuatoriano Daniel Noboa, el boliviano Rodrigo Paz, la peruana Keiko Fujimori y el colombiano Abelardo de la Espriella. Claudia Sheinbaum y Cristina Kirchner también saludaron. Con Brasil como primer socio comercial de Argentina y con el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea en la mesa, un presidente argentino que no reconoce al presidente brasileño arriesga más de lo que gana.

El balance regional deja un hecho notable: gobiernos de derecha que apoyaron a Flávio se alinearon con el reconocimiento institucional del resultado, y Washington quedó más aislado de lo que estaba antes de la elección. Lula, sin embargo, gobernará con un Congreso adverso: el Partido Liberal conserva 28 senadores y 121 diputados. Flávio Bolsonaro no reconoció el resultado y pidió anularlo por la extensión del horario de votación concedida a pedido de la campaña oficialista. El tribunal electoral ya proclamó al ganador, y la presión sobre las instituciones brasileñas probablemente continúe hasta la asunción.

Para la Argentina, el triunfo de Lula tiene una lectura concreta. Un vecino que sostiene salarios y mercado interno, que defiende la soberanía en la discusión comercial con Washington y que mantiene abierta la integración regional ofrece una alternativa de política económica que el Gobierno de Milei dice combatir. Lo que ocurra en la relación bilateral en los próximos dos meses mostrará si la Casa Rosada prioriza la afinidad ideológica o el interés nacional.

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